Mi Carrito

"Crac", la radiografía de una ruptura

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¿Qué hay entre el conflicto y la armonía? A veces quiebres como estallidos, repentinos y contundentes. Imposibles de ser ignorados. A veces desarraigos progresivos, inundaciones lentas que mezclan lo imperceptible con lo inentendible. A veces ambos. En el caso de "Crac", lo que se ubica entre esa dicotomía es un conjunto de engranajes familiares que intentan ser descubiertos por la autora y protagonista del libro, con el fin de rastrear el recorrido difuso que llevó al desencuentro con su padre.

“El próximo sábado mi padre vendrá al país. No nos vemos desde hace 10 años y dejó de hablarme hace 8”, escribe Josefina Licitra para comenzar esta historia que conlleva un acto de suma justicia: recuperar la palabra. Aquella que su padre le prohibió la última vez que encontró en una revista brasilera un texto que ella había escrito para sobrellevar la distancia con él. “Ese artículo que escribiste (...) se trató de un misil bajo la línea de flotación en toda regla, que dinamitó lo que quedaba de nuestra relación” dijo, sentenciando un fin: crac, algo sonó.

Agregó que no quería volver a leer particularidades de su vida en ningún medio literario de ninguna parte del mundo y ello paralizó por años la pluma de la escritora, guionista y periodista. Para ella, en esa fractura vincular se habría quebrado el acceso a la palabra toda: crac, otra vez. Firmó el contrato para hacer este libro a modo de salvavidas, evitando el ahogo que le provocaría no escribir nunca más.

Para contar su historia, será necesario hacer una radiografía de todas las rupturas que descubre en diálogo con su madre, sus cartas viejas, amigos de su padre y sus recuerdos, sin dejar de preguntarse cuantos cracs puede resistir un lazo familiar.



Para hablar de este lazo y de los quiebres que lo componen, Josefina no puede omitir los años 70 en Argentina, tampoco el rol de una abuela particularmente estructurada y matriarca del núcleo familiar paterno, ni la presencia de la palabra escrita en su vida: desde chica había sido estimulada para que practique la escritura con el fin de mantener un vínculo epistolar con su padre exiliado, al crecer encuentra allí su profesión y, más tarde, lo escrito será parte de la razón que su padre postulará para argumentar su distanciamiento en términos mucho más que geográficos.

Las cartas dejan de ser intercambiadas, al igual que los mails y las llamadas. Los viajes que los juntaban también desaparecen de los planes y así todo el lenguaje construido en la relación se rompe. No hay palabras ya que ofician de puente, ni pasos a seguir cuando un vínculo que “culturalmente está pensado para resistir casi todo” -dice la autora- estalla.

Licitra concibe el hecho de escribir para sí misma como exhalar para adentro; una forma de asfixia. Escribir y publicar, inherentes entre sí, conforman para ella una necesidad por fuera del carácter productivo que ambas -en su categoría de trabajo- adquieren, por lo que atiende con valentía la urgencia expresiva de la escritura más allá de la prohibición de su padre y de esa fuerte pulsión nace "Crac". 

En cualquier enjambre familiar, es difícil encontrar el crac originario: no por nada pasamos horas de nuestras vidas psicoanalizando nuestro árbol genealógico. Para adentrarse en él, la autora se remonta al pasado militante de sus padres: ambos activos políticamente en el Grupo Marxista Revolucionario (rama del ERP), en La Plata mientras comenzaba la última dictadura cívico-militar argentina. El padre se exilió en Madrid poco tiempo después del golpe. La madre, que había dejado la militancia cuando nació Josefina, decidió que ella y su hija se quedarían en este suelo.

La separación constituyó el inicio del envío de cartas que mantenía el amor entre padre e hija tan latente como el contexto lo permitía. El exilio como signo de la posibilidad de sobrevivir se grabó con fuego y lágrimas en el devenir de nuestro país. García invoca esta idea cuando canta “huellas en el mar/ sangre en nuestro hogar”: quien está lejos, recuerda lo que dejó, y los que se quedan, ¿qué hacen? En esa pregunta se configura la experiencia de la autora, que mientras narra lo propio en términos individuales, narra parte de la historia colectiva de un país que tuvo que -como su familia- buscar la manera de reconstruirse después del terror. 

Aunque a simple vista pareciera ser una dolorosa anatomía del destrato, "el libro"Crac" lleva la esencia de una escritura que brotó para dejar de estar enterrada, escondida, y que quiere recuperar la ternura que su relación paternal supo tener.

Licitra llena las páginas con autores que la inspiran, recuerdos que la forman y voces que son testigo de su historia en pos de narrar en forma de diario una visita de su padre, con quien casi todo está roto. Mezcla la vulnerabilidad de una adulta que se pregunta si acaso ha dejado de ser hija con la potencia de una mujer que ya es madre y lleva consigo las marcas de haber pasado por una peculiar serie de obstáculos que la vida le asestó; la autora vuelve cómplice de su reivindicación de la palabra a todo aquel que lea Crac


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