Visibilidad lésbica: artistas argentinas que transforman su identidad en lucha

Por Magdalena MeyerhoffEn Cultura
Visibilidad lésbica: artistas argentinas que transforman su identidad en lucha

El 7 de marzo de 2010 Natalia “La Pepa” Gaitán fue asesinada en Córdoba por la familia de su novia. Desde entonces, esa fecha se conmemora en Argentina como el Día de la Visibilidad Lésbica: una jornada que recuerda la violencia específica que atraviesa a estas identidades, pero también la potencia política de nombrarse y existir.

En un contexto de retroceso de derechos, discursos de odio y precarización de la vida, la visibilidad se vuelve aún más necesaria. Pero también puede ser celebración: de las lesbianas que escriben, cantan, editan, dibujan y producen cultura para contar sus propias historias. En esta nota, seis artistas y creadoras que hacen del arte una forma de identidad, memoria y comunidad.

Foto de portada: Miela Sol PH

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Maitena Burundarena: Militar la identidad lesbiana

“Fue muy importante cuando Sandra y Celeste sacaron Mujer contra mujer. Fue un día a la mañana, plena primavera del ‘90. Me acuerdo que salí de casa y estaba toda la ciudad empapelada con las caras de ella tocándose la mejilla, apenas rozándose, era una foto re lesbiana. Fue muy fuerte lo que hicieron las chicas, porque era una época donde nadie lo hacía”. Maitena es historietista y humorista gráfica. Es la creadora de Mujeres alteradas y Superadas,  y ahora escribe todos los días en la contratapa del diario Clarín desde su casa en Uruguay. 

Nació y creció en una familia de derecha y fue madre por primera vez a los 17. No siempre fue fácil la visibilidad, pero el 7 de marzo del año pasado publicó una foto con su pareja, la escritora Gabriela Cabezón Cámara. “Esa imagen tuvo mucho revuelo, estuvo buenísimo. Teníamos la intención de decirle al mundo de los ‘caretas’, como diría Gabi, que nosotras somos lesbianas, que las mujeres también amamos a las mujeres”, recuerda Maitena. 

Unos años antes este gesto hubiera sido impensado. Maitena contó a Feminacida que en los 90’ vivió con Rosita, su novia, por más de tres años. Y sus hijos, que en ese momento eran adolescentes, se enteraron mucho después de su relación. “Mi mamá decía que era mi socia. Decía, venite a comer el domingo y venite con tu socia. Y yo no la juzgaba, ni a mí. Habíamos salido de la dictadura, había una sensación siempre de control, de que te estaban mirando. Nosotras entendíamos que lo que no se podía se escondía. Pero se hacía igual. Ahora eso se dice en voz alta, se milita. Porque lo que no se nombra no existe”. 


Florencia Dapiaggi: Hacer poesía lesbiana

“Sentía que la palabra lesbiana no concordaba conmigo, la veía muy cargada de prejuicios”. Florencia Dapiaggi es escritora, estudiante y comunicadora en redes. Escribe poesía desde sus once años y a los veinte publicó su primer libro, Ella es mi chica solar.

“Fue con el lesbicidio de Barracas que pensé mucho en quién era. Escuchar la palabra lesbicidio me impactó”. Florencia se refiere al asesinato de Pamela Cobas, Roxana Figueroa y Andrea Amarante, tres lesbianas que fueron atacadas en la habitación que compartían por un vecino armado con un explosivo casero. Fallecieron por las quemaduras y los golpes. Sofía Castro Riglos, de 49 años al momento del hecho, es la única sobreviviente y continúa enfrentando las severas consecuencias del ataque, antecedido por un contexto de discriminación y hostigamiento por su orientación sexual.

“No paraba de llorar y ya venía con la idea de la palabra lesbiana en la cabeza. Ahí me di cuenta que quizás esa palabra tiene más que ver conmigo que lo que yo pensaba, porque en ese momento entendí que me podía pasar a mí también’. 

Florencia, que también coordina talleres y estudia Licenciatura en Artes de la Escritura en la UNA, arrancó a escribir cuando recién empezaba la secundaria. “Mis primeros poemas fueron para mi primer amor, que fue una chica. Los escribía como si narrara desde la perspectiva de un chico que mira a esa chica. Porque él tenía derecho a mirar, a querer, a desear, cuando yo no lo tenía. Entonces pedía prestada su mirada para poder escribir esos poemas”, explica Florencia. 


Marta Dillon: Ser lesbiana como identidad política

“Lamentablemente la mayoría de los casos de los que escribo últimamente suceden con las lesbianas siendo víctimas porque ha crecido muchísimo la violencia. Sobre todo el odio contra las mujeres cuya lectura de género no es eso que llaman normalidad, no se comporta, no se muestra como una mujer normal”. Marta Dillon es periodista, escritora y activista lesbiana transfeminista. Creadora y editora por muchos años del suplemento Soy, de Página 12, este año arrancó una nueva temporada en el programa de radio Pasamos Todes, por Brandon TV. 

“A la gente le molesta porque parece que estás hablando de cómo tenés sexo y no de cómo habitás el mundo y qué formas de vida querés inventar o poner en práctica. Para mí por eso ser lesbiana es una identidad política”. Para Marta es esencial llamarse lesbiana porque sino, dice, siempre gana la presunción de heterosexualidad.

Concebir la identidad lesbiana como un todo contempla mucho más que el amor y el deseo por otras mujeres: es una identidad construida por fuera de lo esperado, por fuera de la heterosexualidad. Por eso, el 7 de marzo se transformó en una efeméride para promover la visibilización de las identidades lésbicas en toda su diversidad.


María Wolff: Cantar sobre el amor entre mujeres

“En la casa de mis padres la palabra lesbiana era una palabra prohibida, semi pornografica. Y en el mundo en general también”. María Wolff lanzó a principios del 2025 su disco debut Rápido mamá, producido por Alex Anwandter. En él se mezcla el pop bailable con la necesidad de cantarle a las mujeres. 

“Me encanta escribir para otras lesbianas. Creo que esa manera de producir influenció mi manera de verbalizar el amor lésbico”. Para María, es gracias a la existencia de una red de músicas lesbianas en Argentina, que se animaron a hablar sobre esta identidad, que ella también puede hacer su arte. “Por suerte existieron Sandra y Celeste y ahora la militancia lésbica y feminista. Hacer canciones tiene que ver con compartir eso y atenuar un poco la soledad y la inquietud que nos da el mundo”, reflexiona.


Natalia Ortiz Maldonado: Editar experiencias lesbianas

“La escritura tiene más de cinco mil años. De esos cinco mil años, solo en las últimas décadas las lesbianas fuimos publicadas”. Natalia Ortiz Maldonado, es docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. También es escritora y coeditora de Hekht.

“Hay una imagen que me resulta muy clara para pensar esto: si se construyese una biblioteca con todo lo que ha sido publicado, a las lesbianas solo nos correspondería el anaquel del uno por ciento”, grafica Natalia. Para ella, que no haya literatura lesbiana habla de experiencias que siguen siendo indigeribles no sólo en la cama, sino en todos los espacios sociales. Pero también evidencia una trama cultural que se sabe amenazada políticamente por esas vivencias.

“Como editora, siempre se repite el mismo gesto: busco voces que logren cierta radicalidad pero a la vez cierta apertura a la composición con los múltiples planos que llamamos “vida”. Eso motiva la búsqueda editorial y sí, muchas de esas voces son lesbianas: Haraway, Anzaldúa, la enorme Wittig, val flores, Djuna Barnes. Con todas ellas es posible establecer un vínculo político, una amistad, en el filo y la dulzura de la lengua”.


Ana Luz Vallejos: Registrar el amor lésbico

“La primera vez que vi a una lesbiana fue un día que me llevó mi hermano al centro de General Villegas y había unas colegas que tenían un proyecto que se llamaba Militancia Homo. Y para mí fue un antes y un después. Para las personas que crecemos en ciudades más pequeñas, en pueblos, es más difícil encontrar una referencia”.

Ana Luz Vallejos es escritora y creadora del proyecto Lesboteca, un archivo oral de primeras historias de amor lésbicas. También es co-fundadora de Lesbianas Proyecto Federal, una asociación civil que promueve la visibilidad con el objetivo de fortalecer las redes y mejorar la calidad de vida de las identidades lésbicas.

Con Lesboteca, el proyecto que este 7 de marzo inicia su quinta temporada, Ana Luz descubrió cómo quiere contar el ser lesbiana: “Para mí no solo era el relato de la primera historia de amor, sino qué pasa después. Qué pasa con esa construcción de una red que a las lesbianas y a las personas que habitamos este mundo de alguna manera nos sostiene. Y grabar sobre esto me cambió por completo porque me permitió conocer a personas increíbles. Me permitió entender que mi historia no es única, sino que somos un montón y que estamos construyendo un mundo mejor, de alguna manera”.

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