Hoy es un día muy significativo para quienes asumimos la pelea contra el abuso sexual en la infancia y adolescencia. Seguramente porque llevamos en nuestros cuerpos y nuestra historia las heridas de esta forma de violencia, tan viva como nuestra perseverancia. Las personas que fuimos atravesadas por esta realidad, al aproximarnos a la idea de que, lo personal es político, conformamos redes, nos acercamos a una posible reparación y nos aportamos alguna forma de justicia. Nos encontramos madres protectoras, sobrevivientes, profesionales y militantes que, en su mayoría, nos identificamos feministas y, desde luego, eso tiene mucho sentido.
Por Yama Corin
Hace falta interpretar el contexto social patriarcal en el que se perpetúan los abusos sexuales y cuáles son los actores políticos que intervienen, para enfrentarlos. Reconocernos feministas, no implica renunciar al intento de interpelar a más gente, o a la ruptura de diálogo con el conjunto de la sociedad, sino asumir la necesidad de hablarnos desde el cuidado, también entre quienes estamos cerca, para potenciar cada espacio de construcción colectiva, que hoy se siente frágil.
Hablarnos y escucharnos, en función de acordar algunas líneas sostenidas de acción, confiando en nuestra capacidad de ser marea. Aquella que fuimos hace tan poco tiempo que todavía recordamos y sentimos a flor de piel.

En un contexto en el que tanto nos pegan y despistan, la idea de que estamos “las feministas” para ponernos al hombro la protección de les niñes y la defensa de nuestros derechos nos ofrece orientación y alienta lo suficiente para seguir.
Por hacer un recorte, desde la recuperación de la democracia a esta parte, todos los gobiernos se sucedieron dejando una deuda en relación al abordaje sobre esta problemática. Con ausentes o carentes políticas públicas, que dieran una respuesta eficaz a esta forma de violencia patriarcal, que se inscribe en la tortura. Por lo que su eliminación debería haber sido política de Estado prioritaria y parte de la agenda de quienes reivindican la defensa de los derechos humanos. Esto no sucedió, en parte porque no se conoce su profundidad y magnitud.
Sin embargo, desde el triunfo electoral de Javier Milei, actual presidente, se abrió una nueva etapa política en nuestro país. Capaz de hacer tambalear las estructuras de nuestra democracia tal cual la conocíamos. Capitalista, patriarcal, y por lo tanto desigual, pero garante de determinados acuerdos y en la cual peleamos y conquistamos muchísimos derechos, que hoy están en disputa.
Asumió el poder un ser que canta "Yo soy el rey" y desde esa premisa gobierna. Déspota, impune y despojado de toda sensibilidad. Activando con discursos y recursos a todos aquellos sectores anti derechos y antifeministas, entre los cuales se encuentran lógicamente violentos, pedófilos y sus defensas letradas. Comerciantes de la fe, narcos y representantes parlamentarios funcionales.
Se asoció a quienes se enfrentaron al aborto legal, que son los mismos que dicen “Con nuestros hijos no”, frente a la ESI. Siendo la educación sexual integral una herramienta que permitió que tantos niños y niñas pudieran desnaturalizar abusos y pedir ayuda. Declaró la batalla cultural, que implica destruir todo lazo solidario, el acompañamiento a personas más vulnerables y la destrucción de construcciones colectivas.
En esa dirección avanzan con un ataque directo a madres protectoras, ya que destapamos el oscuro velo de una forma de violencia deshumanizante y sostenida de generación en generación.
De nuestro lado, muchas veces nos preguntamos cómo establecer mejor diálogo con una juventud que desentendemos o sentimos lejos. Reconocemos el hambre, el bullying en las escuelas, las apuestas online, o el uso adictivo del celular. Aceptamos algunas problemáticas que viven niños, niñas y adolescentes, pero no asumimos el hecho de no ofrecer, ni ser un lugar seguro. Cuando justamente desde el mundo adulto no solo, no estamos garantizando su bienestar integral, sino que también son adultos sus agresores sexuales.
Nos toca aceptar y enfrentar la violencia sexual, que se niega sistemáticamente primando lo mucho que nos duele, se descreen sus relatos por lo brutal que es, que sean perpetrados por personas de nuestros afectos. Nos destruye la psiquis y la rutina, a quienes enfrentamos la brutalidad del incesto sufrida por nuestres hijes o en nuestra historia. Pagando un alto costo personal, que no se puede sostener en soledad.
Recuperar lazos de humanidad, desde el afecto, el amor, y el cuidado, no puede pasar por alto la realidad del abuso, que es justamente ubicar a las personas víctimas, en el lugar de objetos. Una de las prácticas más deshumanizantes que sufren y sufrieron niños, niñas, niñes, y adolescentes.
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"Con nuestres hijes no", decimos quienes nos enfrentamos a los abusadores. Quienes defendemos los derechos de les niñes a ser y crecer en libertad, sin importar la familia en la que nacieron. Nos acusan entonces de hacer falsas denuncias, porque rompemos la impunidad del poder. Porque más allá del tratamiento parlamentario que tengan algunos proyectos infames, lo que persiguen es el sentido común. Buscan instalar la idea misoginia de que las mujeres perseguimos oscuros propósitos, cuando recurrimos a la justicia.
Pero seguimos de pie y tenemos este día para visibilizar y sumar esta realidad, a nuestra extenuante agenda. Porque creemos que la tarea es unir las luchas, armamos una campaña feminista colaborativa, salimos a las calles con los jubilados y nos sumamos a la ronda de las madres.Si el gobierno nos declaró como enemigas, es porque somos una latente amenaza, y eso no solo es un verdadero orgullo, también una esperanza viva de seguir caminando hacia el mundo que deseamos.


