Trabajadoras estatales: ¿Cómo enfrentan el ajuste en distintos puntos del país?

"El 70 por ciento de las compañeras están endeudadísimas". La frase de Liliana Leyes, secretaria de Género y Diversidad en ATE Rosario, no es solo un dato económico: es el mapa de una angustia que se vuelve cotidiana en cada vez más hogares. Hoy las trabajadoras estatales de todo el país son quienes ponen el cuerpo en una trinchera que parece no tener descanso. En medio de un vaciamiento estructural, se convierten en el último refugio de lo público a costa de su propio tiempo y desgaste. ¿Cuáles son sus historias? Una mirada federal para entender cómo atraviesan este presente.
En Rosario, la crisis sólo no es una cifra, es una jornada de 17 horas de trabajo que no alcanza. Para Liliana, la ciudad es un escenario donde la supervivencia es una trampa: "En los últimos dos años las compañeras fueron tapando agujeros, pidiendo préstamos, créditos, y hoy sin poder pagarlos se endeudan cada día más". A la par de los salarios que no llegan al millón de pesos frente a una canasta básica que los triplica, aparecen las tareas de cuidado asignadas socialmente a las mujeres. Una carga que transforma la vida cotidiana en una "angustia permanente frente a una realidad que parece no cambiar", como explica Liliana.
Esta precariedad no es silenciosa. La violencia crece no solo en los hogares, sino también en los lugares de trabajo, potenciada por un discurso oficial que niega la violencia de género, alimentando lo que las trabajadoras llaman una "revancha machista". En los márgenes, la situación es todavía más límite: "Las compañeras trans están en la extrema pobreza y muchas de ellas viviendo en la calle", recalca Liliana. Ella denuncia que el cupo laboral, un derecho conquistado, es hoy una promesa que no se cumple.
Desde Río Cuarto, Julia Giuliani reivindica sus 22 años en la municipalidad. Ella es secretaria de Prensa de ATE Córdoba y coordina el área de Municipales de ATE Nacional. Su historia con ATE comienza cuando entiende que "las y los trabajadores somos generadores de riqueza" y que la organización sindical es la herramienta para disputar esa riqueza.
La pandemia fue el espejo que mostró la fragilidad de su sector: "los municipales no tuvimos burbuja, no tuvimos modalidad virtual". Julia recuerda que solo se tomó dimensión del riesgo cuando se contagiaron 15 personas al mismo tiempo y uno de sus compañeros falleció. Esa experiencia le confirmó que el municipal es "el eslabón más débil de la cadena", pero también la primera línea que acompañó a quienes no tenían trabajo durante el aislamiento.
En sus más de veinte años trabajando en el Estado, Julia no notó un cambio sustancial en cuanto a quienes ocupan los cargos de poder: "los lugares jerárquicos y las jefaturas técnicas y operativas siempre han estado ocupadas por hombres". Por eso, para ella, la urgencia es clara: se necesitan "más mujeres dirigiendo y políticas públicas que vengan real y verdaderamente del territorio".
Ésta es una visión que comparte Roxana Rechimont, secretaria General de ATE La Pampa, quien tras años de precarización, hoy defiende su lugar en el Canal 3 de la provincia. "Junto a ATE iniciamos la lucha por el pase a planta permanente y sostuvimos que nuestro canal sea público y estatal", recuerda. Ella entró a trabajar en escenografía hace más de 20 años bajo una categoría que define con crudeza: "Éramos tratadas como trapo de piso". Roxana pasó por planes sociales y monotributos hasta que, junto a ATE, protagonizó la lucha que logró el pase a planta de más de 7.000 trabajadores.
En su área, tuvo que abrirse paso entre el "machismo y la misoginia" que imperaba en los sectores técnicos masculinizados para sostener un canal que hoy defiende con mucho orgullo. Para ella, ser estatal es la vía para que los derechos que soñó en su formación en la escuela de arte se vuelvan una realidad para todos.
En Salta, Mabel Álvarez asumió la conducción de ATE en el 2020, tras la muerte de Juan Arroyo por COVID. Su ascenso desató una interna liderada por sectores que "no podían concebir que una mujer quedara al frente de un sindicato", sufriendo ataques mediáticos e intentos de toma del edificio. Sin embargo, Mabel resistió: "Como dice el dicho, no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista". Su gestión es una pelea contra un modelo de gestión que desprecia al trabajador. Denuncia que, en los municipios, los intendentes actúan como "patrones de estancia maltratando y discriminando", endureciendo las normas para perseguir y armar expedientes por cualquier motivo. Ante esto, su postura es inflexible: "No podíamos firmar de ninguna manera una paritaria a la baja, por ello nos movilizamos hasta la casa de gobierno".
Las trabajadoras estatales se saben el último muro de contención: "Somos las que sostienen al país", afirman. Frente a un "Estado que hoy está vacío para el pueblo", ellas reclaman una seguridad que no se mide en patrulleros, sino en derechos básicos: que las niñeces "puedan comer tres comidas diarias, puedan ir a la escuela y tengan una salud plena". Para ellas, esa es la verdadera seguridad que hoy les falta.


