Lo virtual es real: ¿Cómo abordar la violencia digital?

Verónica Shadia Altamirano, abogada de Santiago del Estero, cumpliría hoy 30 años, pero el 11 de abril se quitó la vida. Un mes y medio atrás había denunciado a su ex pareja por violencia de género y por haber difundido un video íntimo en un grupo de WhatsApp. Su caso comparte elementos con los de otras jóvenes que también fueron víctimas de violencia digital de agresiones. ¿Qué pasa cuando la violencia de género aparece en el mundo digital? ¿Qué herramientas existen para acompañar a quienes la sufren? ¿Y qué pueden hacer las instituciones frente a una práctica que se expande cada vez más y afecta especialmente a niñas, niños y adolescentes?
“Gracias por ponerle nombre, yo creí que era la única", dice en susurros una estudiante de 15 años en una escuela de la provincia de Buenos Aires. Se refiere a la violencia digital y le confía el agradecimiento a Laura Sánchez, madre de Ema Bondaruk, una adolescente de la misma edad que se quitó la vida luego de que se difundiera un video sexual entre sus compañeros.
El comentario surge a raíz de la presentación de la Guía Ema, un material para el abordaje de casos de difusión de contenido íntimo sexual sin consentimiento en ámbitos educativos. La Guía es una iniciativa conjunta de Fundación Encuentro, Faro Digital, Ley Olímpia Argentina, GenTic, Defensoras Digitales y las legisladoras Mónica Macha y Laura Clark.
“Cada lugar que visitamos me confirma lo mismo: cuando nombramos la violencia digital de género, cuando la sacamos del lugar de chiste o de ‘cosas de chicos’, empezamos a salvar vidas. Y eso es hacerle honor a Ema”, afirma Laura sobre su recorrido por las escuelas de la provincia.
Para entender la magnitud de la problemática sirve de referencia el resultado de la investigación realizada por Faro Digital en 2023 sobre el impacto de la violencia digital en mujeres y personas no binarias. El 92 por ciento de la muestra, casi el total, manifestó que le preocupa la difusión no consentida de imágenes íntimas como efecto no deseado del sexting.
Desde hace alrededor de dos años esta modalidad de violencia adquiere nuevas formas. Al ciberbullying, el hate y la difusión de material sexual, se suman los deepfakes: imágenes, videos o audios generados a través de herramientas de inteligencia artificial. Según los datos recopilados en 11 países por UNICEF, al menos 1,2 millones de niños y niñas denunciaron haber sufrido manipulación de sus imágenes para convertirlas en deepfakes sexualmente explícitos durante el último año. Es decir, alrededor de una chica o chico cada 25, o uno en cada aula promedio.
Milagros Schroder es coordinadora de Educación en Faro Digital. Sobre el uso de inteligencia artificial en estos casos ella explica: “La violencia pasa a depender de la capacidad técnica de las personas para producir y hacer circular imágenes”. No se trata solamente de la viralización de una imagen, sino de la creación de material con ese fin. “Se aprenden nuevas formas de dañar”.
Lo virtual es real
Todas las respuestas de Laura insisten en una idea: lo virtual es real. Es decir, lo que pasa en las pantallas de las y los adolescentes tiene un impacto concreto en la forma en que se vinculan, en cómo se sienten, en sus vidas. El primer problema es minimizar ese impacto: “Las instituciones todavía funcionan como si Internet fuera un juego”.
“Existe un gran vacío con respecto a esta problemática y las instituciones no saben cómo actuar, y ahí en medio quedamos las familias. La comisaría te dice ‘esto es de la escuela’; la escuela, ‘esto es familiar’; y en el medio, la víctima”.
La Guía Ema viene a traer herramientas para trabajar en ese vacío. “Creo que todo este desborde que se da en la población adolescente a partir del uso de redes sociales nos hace a los adultos repensar cómo acompañar y qué estamos haciendo. En eso la Guía tiene, además de un desarrollo de las distintas formas de violencia y de primeras acciones, qué hacer y qué no hacer”, explica Mónica Macha, senadora de la provincia de Buenos Aires e impulsora de este material.
Todas las entrevistadas coinciden en que lo más importante para abordar esta problemática es nunca culpabilizar a las víctimas, construir un ambiente seguro para que se sientan cómodas para hablar y establecer rutas de acción concretas. Para eso, hay que conversar sobre consentimiento, ciudadanía digital, privacidad. Generar conciencia en torno al daño que puede causar un simple like o comentario en redes sociales, y dejar en claro que la responsabilidad es tanto de quien inicia la cadena como de quien reenvía el material. “La clave es pasar de ‘es un chisme’ o ‘es un viral’ a ‘esto es una vulneración de derechos’”, reflexiona Milagros Schroder.
A la hora de abordar casos de este tipo las herramientas disponibles son aún escasas. Existe Take it Down, una plataforma que permite a los usuarios poner una huella digital única, llamada valor hash, a imágenes o videos de desnudos y material sexualmente explícito de personas menores de 18 años. A partir de ahí, las páginas asociadas a este servicio usan este valor hash, que funciona como una etiqueta, para detectar y eliminar el contenido.
Florencia Zerda, abogada y fundadora de Gentic, considera importante interpelar al agresor para hacerle saber que su acción puede tener consecuencias legales. “Entre varones tienen que cortar el pacto de camaradería penena. Deben interpelarse unos a otros en sus grupos. Para que el miedo cambie de bando”, dice y se hace eco de una de las frases que es bandera para quienes militan la Ley Olimpia.
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Legislar para acompañar la violencia digital
Florencia Villegas es activista por la Ley Olimpia y sobreviviente de violencia digital a partir de 2017 cuando se viralizaron contenidos sexuales explícitos sin su consentimiento. Reconstruir su autonomía y ganar confianza para hablar no fue fácil. “La culpa y la vergüenza es lo primero que aparece”, explica. Fue gracias al acompañamiento de su familia y amigues que pudo superarlo, y ahí supo que alguien tenía que ponerle palabras a lo que había sufrido. En su militancia por la ley encontró amigas y compañeras que habían pasado por lo mismo: “Fuimos víctimas, hoy somos sobrevivientes”, dice concluyente.
La Ley Olimpia fue aprobada en 2023 y es uno de los avances más importantes en materia legislativa y de prevención en el ámbito digital de la Argentina. La ley, presentada por la entonces diputada nacional Mónica Macha junto a la activista mexicana Olimpia Coral Melo, incorpora la modalidad de violencia digital a la Ley 26.485 de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres.
“En Gentic tenemos un patrocinio jurídico para casos de violencia digital y vemos que en cada vez en más sentencias de juzgados de todo el país se menciona a la Ley Olimpia, se otorgan medidas de protección, de remoción de contenidos”, cuenta la abogada Zerda. Sin embargo, reconoce que todavía falta la posibilidad de una sanción penal en estos casos.
Desde 2022 Mónica Macha ha presentado en dos oportunidades el proyecto de Ley Belén con ese objetivo. Lleva el nombre de Belén San Román, una joven que se suicidó en 2020 luego de que se difundiera material íntimo, y busca modificar el Código Penal de la Nación para tipificar y sancionar la violencia digital como un delito. “Tenemos una asignatura pendiente con la posibilidad de que este proyecto se convierta en ley”, dice la legisladora.
En la provincia de Buenos Aires, la senadora Laura Clark ya presentó el proyecto y esperan que se trate durante 2026. Para Macha esto haría que, aún sin tener ley nacional, se pueda utilizar el tándem de Ley Olimpia y Ley Belén como herramientas para que la justicia provincial pueda condenar la violencia digital.
Este ecosistema de leyes se completa con la Ley Ema, presentada por Macha en el Congreso de la Nación en 2025. El proyecto de ley sanciona la creación del Programa Nacional de Prevención y Abordaje Integral de la Violencia Digital en Ámbitos Educativos. Tiene como objetivo establecer políticas públicas, acciones y herramientas que promuevan y fortalezcan el derecho a la educación digital libre de violencias en todos los niveles y modalidades del sistema educativo nacional.
Florencia Villegas llama a la reflexión en todos los espacios, desde las instituciones pero también en el uso individual de la tecnología. “Necesitamos que toda la sociedad se cuestione el uso de las redes sociales, que antes de reenviar algo se replanteen de qué sirve hacerlo, que el foco se ponga en los agresores y no en las víctimas”.


