"Un maltratador nunca es un buen padre", un diálogo entre Sonia Vaccaro y Mónica Macha sobre la violencia vicaria

Por Mónica MachaEn Violencias
"Un maltratador nunca es un buen padre", un diálogo entre Sonia Vaccaro y Mónica Macha sobre la violencia vicaria

Esta nota es una adaptación de un newsletter de Mónica Macha. Sonia Vaccaro, psicóloga clínica y forense argentina radicada en España, fue quien acuñó el concepto de violencia vicaria y le dio una definición política y precisa.


La violencia vicaria no siempre tiene nombre. Muchas mujeres la vivieron sin poder definirla: el varón violento que rompe lo que para ella tiene valor, que maltrata a sus seres queridos, que daña a sus hijos para lastimarla a ella. Sonia Vaccaro, psicóloga clínica y forense argentina radicada en España, fue quien acuñó el concepto y le dio una definición política y precisa. Mónica Macha, referente feminista, la convocó para conversarlo. 

¿Cómo definís la violencia vicaria?

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Sonia Vaccaro: La violencia vicaria es violencia machista contra la mujer. Está definida como una violencia que un hombre ejerce contra la mujer, pero que la hace también sobre las hijas y los hijos. Sin embargo, no cualquiera se convierte en pedófilo para dañar a la mujer: el abuso sexual contra las niñas y niños no puede ser violencia vicaria. Es un delito mucho mayor, que es incesto paterno filial, no lo podemos confundir. No todo maltrato contra las niñas y los niños es para dañar a la madre, hay tipos que quieren dañar a los hijos y punto.

Mónica Macha: Me parece clave lo que decís, Sonia, en esta búsqueda que venimos haciendo de pensar proyectos y acciones contra las violencias. Los abusos sexuales en las infancias son de las violencias más crueles y la que debería unirnos en los feminismos y transfeminismos como próximo objetivo. Es fundamental poder situar y ubicar las especificidades de esas violencias y que no se mezclen o pierdan su caracterización. Las violencias machistas tienen muchas violencias subsidiarias. Los abusos sexuales en las infancias son quizás la madre de todas las violencias.

¿Hay un caso que ilustre con claridad cómo opera esta violencia?

S.V.: Un tipo de la alta sociedad de Tenerife. La mujer había formado pareja con otro señor, tenían dos nenas chiquititas —una de un año y otra de cuatro— y él, muy violento, se las llevó el fin de semana. Todavía no estaban ni siquiera con el divorcio terminado, no había medidas cautelares ni nada; ella permitió que las lleve a su casa. El tipo hizo toda una puesta en escena y en un momento le empieza a mandar mensajes a la noche: "No las vas a ver más", "Tampoco vas a saber nada de mí". Las niñas desaparecieron y luego se descubrió que en los bolsos que había subido al barco, incluso con juguetes para que creyeran que eran cosas de las niñas, estaban sus cuerpos. El cadáver del tipo no apareció nunca.

Esa causa fue la primera donde se ve claramente lo de violencia vicaria, porque la jueza de instrucción dice: todo estuvo planificado para sumir a la madre en una incertidumbre tal que la haga vivir eternamente buscando a sus hijas. El individuo las tira en una zona absolutamente imposible de rastrear. Por eso la jueza pasa la causa a un juzgado de Violencia de Género: había sido para dañar a la madre. Este mito del perro que ladra no muerde acá es mentira. Todos estos tipos lo dijeron y lo hicieron.

¿Cómo responde el sistema judicial ante estas situaciones?

M.M.: Cuando las mujeres ubican situaciones peligrosas, indicios de una violencia que puede ser mayor, y se acercan a denunciar o pedir medidas de protección, el poder judicial les da la espalda, no les cree o las trata como si exageraran. Cada vez más vemos que muchas pibas víctimas de femicidios habían hecho reiteradas denuncias pidiendo ayuda y cuidado.

S.V.: Creo que estamos en el mismo lugar que cuando empezamos con la violencia de género: recién viendo la punta del iceberg. Tenemos que hacer lo que hicimos con la violencia de género: difundir, concientizar, sensibilizar a la gente, especialmente a quienes están en las instituciones, en la justicia, a quienes van a legislar, para que entiendan que un maltratador nunca es un buen padre. Por lo tanto, que no tengan miedo en quitarle las visitas y el contacto con estos tipos.

Hay que hacer muchas campañas de sensibilización para que sea una alarma cuando una mujer dice: "Me acaba de decir que me va a matar y me va a quitar o a matar a los niños". Eso tiene que ser una señal de alarma. En la violencia vicaria lo que sabemos es que estos individuos transforman a los hijos en objeto. Para ellos no son personas, son objetos a servicio de su poder, como el pater familia de la era romana.

¿Qué falta en las instituciones para abordar esto de forma efectiva?

M.M.: Todavía hay una separación entre esta persona violenta con una pareja o ex pareja y la situación de esa persona como "padre". Lo rico de todo este desarrollo que estás haciendo es que tiene profundas consecuencias en la práctica. Además de acompañar a las mujeres y madres protectoras tiene que haber alguna instancia de prevención: si estamos viendo y escuchando esto, no dejar que vaya en ese camino. Cambiar toda la perspectiva. Las madres protectoras hablan de progenitor y diferencian muy bien esa figura de la figura del padre. Es todo un desafío que vamos transitando.


Newsletter original: "Diálogos Desobedientes", por Mónica Macha.

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