Trabajar para pagar: el laberinto de deuda y el cansancio que atrapa a las familias argentinas

Por Micaela KamienEn Economía
Trabajar para pagar: el laberinto de deuda y el cansancio que atrapa a las familias argentinas

El testimonio de Lourdes, una joven que trabaja 16 horas diarias y que no logra salir de las deudas, pone rostro a una crisis silenciosa: el sobreendeudamiento familiar. Entre billeteras virtuales con tasas usurarias, la falta de políticas de cuidado y una brecha de género que se ensancha, las mujeres hoy se endeudan para lo básico: comer y sobrevivir. Un análisis sobre cómo la asfixia financiera está quebrando los vínculos y la salud mental, convirtiendo la vida cotidiana en una carrera de obstáculos sin futuro a la vista.

La cámara se prende, un cronista de TN le acerca el micrófono y Lourdes Olivera, que esperaba el colectivo en una fila interminable de personas en Constitución, le explica: "Tengo 28 años. Estoy cansada. Ya no quiero saber más nada. Me tomo el colectivo a las 5 de la mañana, llego a mi casa a las 9 de la noche. Casi no veo a mi nene. Vivo también con mi papá y mi hermano, no puedo independizarme. Trabajamos y aportamos los tres, pero no nos alcanza. Mi papá tenía tres trabajos, se accidentó haciendo entregas para aplicaciones. Ya no comemos carne. Estamos endeudados. Vivimos para trabajar y pagar deudas. No llego a fin de mes, no llego con nada. Estoy cansada. —A medida que repite ‘estoy cansada’ se le rasga la voz—. Tengo que hacer media hora de cola, llego tarde al trabajo, me descuentan por llegar tarde. Todos los días me pregunto ¿para qué? Voy a seguir viviendo para pagar deudas hasta que me muera”. 

Las palabras se agolpan una sobre otra en su garganta, suenan desconsoladas. El periodista ya no pregunta. Su silencio ensancha la angustia que causa este testimonio. 

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Lourdes es el rostro de una Argentina que se endeuda para sobrevivir y sobrevive para pagar deudas. Personas pluriempleadas pedalean bicicletas para repartir pedidos de noche, mujeres jubiladas venden chucherías en el subte, chicas jóvenes lamentan su cansancio, niños y niñas extrañan a sus madres, a quienes ven apenas un rato por la noche y que se endeudan para poder comer. ¿Para qué? La pregunta por el sentido de la existencia se cuela en la fila del colectivo: ya nadie sabe por qué está ahí. 

El cansancio y el endeudamiento afectan la salud mental y los vínculos, son también la ecuación perfecta para la vuelta al mundo de lo doméstico, la anestesia para sobrevivir bajo una bruma que no permite ver más allá del patio trasero del hogar, lejos del espacio público y de las movilizaciones callejeras. 

“Vi el testimonio de Lourdes, me pareció muy crudo, preciso. Hay una crisis de salud mental", señala la socióloga Luci Cavallero, autora junto a Verónica Gago del libro "Contra el autoritarismo de la libertad financiera". Y agrega: "El endeudamiento es una forma de control. La deuda organiza tu tiempo y tu vida. El endeudamiento se vive como una manera de abordar de manera individual los costos del ajuste. Eso genera mucha angustia porque es un estado de frustración permanente. Te nubla la capacidad de imaginar el futuro. Hay que ponerle rostro a la deuda, necesitamos narraciones como la de Lourdes porque son lo que efectivamente da cuenta del malestar. Darles voz a quienes están cargando con los efectos de la motosierra y el ajuste”. 

“Hay mucha más gente endeudada que antes, y sobre todo mujeres", advierte Lucía Cirmi, economista, autora de "Economía para sostener la vida" y exsubsecretaria de Igualdad en el Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad de la Nación. "Cuando las mujeres tenemos que salir a endeudarnos porque no nos alcanza, como somos más informales y tenemos menos propiedades porque tenemos menos flujo de ingresos a lo largo de nuestra vida, la posibilidad del préstamo es mucho más factible a través de las billeteras virtuales que en la banca tradicional”, continúa.

No es lo mismo endeudarse en el sistema financiero tradicional, que en las billeteras virtuales: aquí las tasas de interés son mucho más altas y carecen de regulación. “Muchos de los créditos que se toman están desregulados, entonces una persona se endeuda por ejemplo con un banco a un 70% y con una billetera virtual al 200% y con el usurero del barrio al 1000. Es un estado de usura permanente”, explica Luci Cavallero. 

Crisis de deuda en hogares argentinos 

La foto del endeudamiento de las familias argentinas muestra números alarmantes: casi la totalidad de los hogares posee deudas y un 76% de esos pasivos no está en condición de pago regular, menos del 48% está en mora simple y 28% ya está en mora judicial, según un estudio del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE). 

La mora de los préstamos para las familias está en un récord histórico. El último informe del Banco Central muestra que la falta de pago pasó de menos del 3% a casi el 12% en un año. En términos de volumen, el crédito se duplicó en los últimos dos años, con un rol destacado del financiamiento a los hogares. En tres años, la deuda bancaria típica de un hogar pasó de representar poco más de un salario y medio a superar los tres salarios y medio.

Si antes las familias se endeudaban para comprar electrodomésticos o pagar vacaciones, hoy se endeudan para alimentarse, pagar los servicios públicos o comprar medicamentos. “Ahora el sueldo se acaba a mitad de mes. Tenemos que endeudarnos para comer. En mi familia dejamos de pagar la tarjeta de crédito. Era comer o pagar la tarjeta. En la oficina ya no se almuerza. Desayunamos cerca de las 11 de la mañana y tiramos hasta la merienda para no gastar en el almuerzo. Es desesperante”, relata Lourdes Olivera

Además de la mora récord en el sistema financiero tradicional, crece la de las familias ante las entidades financieras no tradicionales, como las billeteras virtuales. Los "préstamos fáciles" de las fintech navegan aguas turbias. “Los intereses y los punitorios en estos sistemas de financiamiento y en los prestamistas de cercanía no tienen ningún tipo de regulación; y hoy están en un nivel de mora de cerca del 30%”, señaló el diputado Hugo Yasky durante el tratamiento legislativo en la Comisión de Defensa del Consumidor, que tuvo lugar a mediados de abril con el fin de crear un marco normativo de emergencia.

En un contexto en el que el crédito dejó de ser una herramienta de consumo para convertirse en un salvavidas para cubrir necesidades básicas, el sobreendeudamiento familiar ya es tema de conversación en los pasillos del Congreso de la Nación, donde se presentaron 18 proyectos de ley para implementar una moratoria y un esquema de salvataje. 

Feminización de la deuda 

“Según los relevamientos empíricos que hicimos para el libro Contra el autoritarismo de la libertad financiera, la división en la titularidad de la deuda es brutal; la mayoría de quienes son titulares de deuda son mujeres, que es un registro proporcionalmente opuesto a la titularidad de propiedades”, comenta Verónica Gago.  

Ya en 2023, un informe de la Cepal sobre endeudamientos, géneros y cuidados en la Argentina mostraba que casi el 60% de los hogares sostenidos por mujeres reportaba haber recurrido a financiamiento, frente a un 50% de los hogares sostenidos por varones. 

En estos dos años creció, además, la brecha salarial de género: las mujeres ganamos menos que los varones, debemos recurrir a más empleos y dedicamos más tiempo a tareas de cuidado. “La brecha en el trabajo remunerado formal y bien pago creció 5 puntos en el último tiempo. A esto le sumamos el desarme de las políticas de cuidado, lo que se traduce en una ampliación de la responsabilidad de las tareas de cuidado adentro de las casas. Todo esto explica parte del cansancio del que habla Lourdes y de la necesidad de salir a endeudarse”, aporta Cirmi. 

Según el último informe de La Cocina de los Cuidados del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), en los últimos dos años la brecha salarial de género pasó del 24,2% al 29,3% entre quienes tienen trabajo remunerado. Este aumento revirtió la tendencia a la baja de los años anteriores.

Seis de cada diez familias tuvieron que cubrir la falta de servicios públicos de cuidado con desahorro, crédito formal o familiar o, incluso, con un trabajo extra. Los datos de este informe del CELS muestran que en los hogares con menores de 5 años, hay un 43% de estos niños y niñas que no asiste a ningún jardín todavía. Las familias resuelven el cuidado de personas mayores con su propio tiempo (un 59%) y la contratación paga para su cuidado cayó del 13 al 0% en centros de día, del 8 al 5% en empleadas de casas particulares y del 14 al 11% en cuidadores domiciliarios. Entre familias que cuidan personas con discapacidad, el 45% se resuelve en el hogar. La concurrencia a centros de día o escuelas especiales bajó del 24% al 8%.

Son cifras elocuentes: ante la crisis, las tareas de cuidado se meten puertas adentro, recaen más fuertemente sobre el tiempo de las mujeres que se ven obligadas a una doble o triple jornada laboral. “Estoy cansada. Apenas veo a mi nene, lo llevo temprano a la escuela, me la paso viajando y trabajando, llego de noche, cocino, lo baño, le pregunto cómo está y ya tengo que dormirlo. Se la pasa preguntándome '¿estás cansada, mamá?', '¿ya cobraste?' No puede ser. Tiene 7 años y no debería preocuparse por estos temas —comenta Lourdes—. Decidí salir a hablar porque me harté de tener miedo. Nos meten temor para que no hablemos ni salgamos a la calle a protestar. ¿Hasta cuándo vamos a soportar esto? ¿Cuánto más?”. 

Consecuencias políticas del endeudamiento 

“El plan es quebrarnos afectivamente y quitarnos las ganas de militar e inocularnos impotencia política. Los espacios de organización tienen que funcionar de manera antidepresiva”, dice Luci Cavallero, que fundó Movida Ciudad, un espacio de acompañamiento para personas endeudadas y de creación de políticas de desendeudamiento.

Tras las cifras de las deudas está el tormento, están las Lourdes, las madres jóvenes cansadas, las madres empobrecidas y pluriempleadas, las que crían solas y no cobran la cuota alimentaria. 

Ponerle cara y narración a la vivencia abusiva de la deuda es un modo de humanizar la angustia. Es también una puerta para abordar el problema de manera colectiva, para salir del letargo y la fatiga crónica al menos durante breves interludios en los días de la era de la crueldad. 

La crisis económica y financiera es también una crisis del tiempo. ¿Dónde están hoy las mujeres? Cuidando, haciendo malabares para sostener los hogares, pluriempleadas y endeudadas, fatigadas. La deuda nos metió en una jaula simbólica, invisible, sin reloj.

Foto de portada: Lara Greco

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