Safina Newbery: la desobediencia como bandera para transformarlo todo

Por Emilia HolsteinEn Actualidad
Safina Newbery: la desobediencia como bandera para transformarlo todo

Hubo una vez una monja que decidió salir del convento y decir basta. No fue por una crisis de fe, sino porque no soportaba estar dentro de una estructura donde la virtud máxima fuese la obediencia y no el amor. 

Esa monja fue Sara Josefina Newbery, conocida entre amigas y compañeras como Safina. Su historia, que articula la militancia feminista y lesbiana, la teología, la ecología y la lucha por los derechos sexuales y reproductivos, es la protagonista del próximo episodio de Santas Desobedientes.

El nuevo capítulo del ciclo de conversaciones de Católicas por el Derecho a Decidir (CDD) Argentina se presentará este jueves 25 de junio en un conversatorio transmitido a través del canal de YouTube de la organización. 

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Safina nació en Buenos Aires a principios del siglo XX, en una familia de la aristocracia porteña cuyos valores nunca terminó de compartir. A los 23 años entró a la Compañía del Divino Maestro, una congregación religiosa, para escapar de un destino obligado: el matrimonio y la maternidad, la jaula dorada de su clase. Pasó allí seis años. 

Lo que vino después fue una vida hecha de cruces inesperados. Se recibió de antropóloga en la UBA, participó del primer Censo Indígena Nacional y recorrió Misiones, el Chaco, Neuquén, Río Negro y Chubut, un contacto que la marcó para siempre y que orientó buena parte de su pensamiento posterior. Trabajó junto a sacerdotes del Movimiento para el Tercer Mundo. Se sumó a la Unión Feminista Argentina en 1970, en los primeros grupos de concientización del país. A fines de los 80’ fue una de las fundadoras de Católicas por el Derecho a Decidir en Argentina, organización de la que fue, durante años, una de las caras más visibles junto a Marta Alanís.


Una desobediencia que atraviesa décadas

Para Natalia Rodríguez, del Área de Diálogo Ecuménico e Interreligioso de CDD, recuperar la figura de Safina hoy es clave. "Nos interesa nombrar a las mujeres de fe que desobedecieron mandatos para construir justicia, en un momento en que vuelven a fortalecerse discursos conservadores en torno al género, la sexualidad y los derechos reproductivos", explica. Sobre todo de cara al 37° Encuentro Plurinacional que se realizará en Córdoba en octubre. 

Para Natalia, la historia de Safina aporta algo específico a los debates actuales dentro de los movimientos feministas, LGBTIQ+ y de fe: ella lograba tejer alianzas, establecer un diálogo, entre mundos que parecían alejados. Además de plantear reivindicaciones desde estas distintas plataformas. 

Esa búsqueda conecta con una de las banderas históricas de CDD: la idea de que no existe una única forma de vivir la fe. "La historia de Safina dialoga directamente con la construcción de espacios religiosos más inclusivos y emancipadores", señala Natalia, y agrega que la desobediencia, en su caso, no fue un gesto aislado sino una herramienta política sostenida en el tiempo, una que sigue siendo necesaria para las mujeres creyentes.

María de los Ángeles Roberto, teóloga feminista, profesora de Letras y especialista en la vida y obra de Safina Newbery, contó a Feminacida que lo que la llevó a especializarse en su recorrido fue justamente la dificultad de encasillarla. Safina transitó la antropología, el Movimiento Mujer-Iglesia, Católicas por el Derecho a Decidir, los Cuadernos de Existencia Lesbiana y el ecofeminismo, espacios que en apariencia poco tienen que ver entre sí.

El hilo conductor, explicó María de los Ángeles, es su rebeldía frente a cualquier forma de autoridad que pretendiera decirles a las personas, especialmente a las mujeres, cómo debían vivir, amar, creer o decidir sobre sus cuerpos. “Aunque la academia, el movimiento feminista y la iglesia parezcan ámbitos muy diferentes, en todos ellos Safina se interesó por las relaciones de poder y por las formas en que ciertas estructuras sociales, culturales y religiosas legitiman desigualdades”.

Durante mucho tiempo su figura quedó relativamente invisibilizada, algo que la especialista atribuye en parte a su pertenencia generacional y de clase. Safina sostenía una vida lésbica visible dentro de los espacios feministas pero no en el ámbito público.


La teología desde abajo

Safina también hizo aportes claves a la teología feminista. En 1990 impulsó, junto a Alieda Verhoeven, el espacio Mujer-Iglesia, que cuestionaba el lugar asignado a las mujeres en las estructuras de autoridad eclesiástica. Ese grupo se transformó después en La Urdimbre de Aquehua, una de las primeras experiencias ecofeministas de América Latina, que tomó su nombre de una diosa del pueblo toba para pensar la relación entre espiritualidad, feminismo y cosmologías indígenas.

Safina solía decir que la teología feminista no buscaba cargos para las mujeres dentro de la estructura existente, sino terminar con esa estructura. Esa idea fue parte de conversaciones que sostuvo durante décadas con otras teólogas y religiosas de la región, en un contexto donde la palabra de las mujeres dentro de las iglesias todavía era recibida con sospecha o directamente ignorada. 

“Safina cuestionó las lecturas religiosas que justificaban la subordinación femenina, defendió el derecho al aborto y denunció la heterosexualidad obligatoria como un mecanismo de control social”. María de los Ángeles remarcó que ese pensamiento sigue vigente para abordar las luchas actuales por la autonomía, la diversidad sexual y la justicia social. 

Un archivo que se resiste a fijarse

Safina falleció el 8 de junio de 2003, a los 82 años. A diferencia de otras figuras del feminismo argentino, no existe un archivo centralizado que reúna sus papeles, sus textos, su correspondencia. Su legado se multiplica antes que consolidarse, aparece fragmentado en publicaciones lesbofeministas, en archivos virtuales, en los recuerdos de quienes la conocieron.

Esa dispersión parece coherente con la propia manera en que Safina entendía su lugar en el mundo: no como alguien que buscaba sostenerse como autoridad de algo, sino como alguien que se multiplicaba en vínculos, en amistades, en archivos que hacen otras de ella. Una de las carpas de la vigilia feminista de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito del 2018 llevó su nombre, junto a la de Alieda Verhoeven, dos teólogas feministas que pasaron buena parte de sus vidas tejiendo redes entre la fe y la militancia.

Este nuevo capítulo de Santas Desobedientes se suma a los anteriores, dedicados a Mama Antula (la primera Santa Argentina), Alieda Verhoeven, Guillermina Hagen Montes de Oca, Mercedes "Mecha" Gómez y otras cristianas detenidas-desaparecidas durante la última dictadura militar. Con Safina, el ciclo vuelve a poner en el centro una pregunta que atraviesa a todas estas historias: qué pasa cuando la fe se convierte en una herramienta de rebeldía colectiva.

―Este artículo fue producido en alianza con Católicas por el Derecho a Decidir―

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