Sentenciaron a 7 hombres por una violación grupal en Villarino

“¿Cómo va a tener novio si fue víctima de abuso?”. Eso le decían a Enerina en Médanos, una ciudad de 6 mil habitantes del partido de Villarino, localizada a 50 kilómetros de Bahía Blanca. Durante nueve años sufrió la mirada de todo un pueblo que descreía de su palabra, que la responsabilizaba por lo sucedido y que la juzgó cuando eligió denunciarlo.
El 30 de junio de 2025, obtuvo al fin lo más cercano a la justicia: una reparación. El Tribunal en lo Criminal N° 1 de Bahía Blanca sentenció a siete de sus diez abusadores a 7 años de cárcel como coautores funcionales del delito de abuso sexual con acceso carnal agravado. Otros tres serán juzgados en el fuero de Responsabilidad Penal Juvenil.
Los hechos
La noche del 30 de noviembre de 2017 empezó como muchas otras. Un grupo de amigos se encontró para celebrar un cumpleaños en una casa-quinta en Médanos, partido de Villarino.
En medio del festejo, un grupo de diez varones de entre 17 y 19 años encerró a Enerina en una habitación, después de ocuparse de distraer a una de sus amigas. Con las luces apagadas, la desnudaron, la inmovilizaron y la violaron.
Los gritos de la adolescente, que en ese momento tenía 17 años, dieron aviso de lo que estaba sucediendo y la amiga en cuestión empezó a golpear la puerta para intentar entrar. Solo frenaron cuando los amenazó con llamar a la policía.
Después, ellos mismos las llevaron en auto hasta el pueblo. “No cuentes nada, nadie te va a creer”, le dijeron en ese momento.
El proceso judicial
Gracias a la denuncia de Thelma Fardín contra Juan Darthes en 2018, Enerina empieza a identificar que fue víctima de violación y que podía denunciarlo. En medio de una serie de problemas de salud, ella encuentra el límite cuando se cruza con uno de sus abusadores en una fiesta con chicas de 15 años. Se le quiebra la voz cuando explica: “Ahí entendí que no se terminaba conmigo, que no lo hacía solo por mí”.
En 2021 presentó la denuncia, pero el proceso judicial no avanzaba. En 2022 le realizaron una pericia psicológica que duró 4 horas, en la que tuvo que mostrar hasta los tatuajes. Y en 2023 se mudó a Córdoba, donde le diagnosticaron fibromialgia. Pero cada tres meses siguió viajando a Médanos y acercándose sistemáticamente a la fiscalía para pedir la elevación a juicio.
Mientras el sistema judicial la revictimizaba, las y los vecinos del pueblo la ponían a ella en el banquillo de los acusados. “Durante 9 años se me responsabilizó por lo que me habían hecho, por la atrocidad que me hicieron 10 pibes”. Tenía que ser mentira, ella debía ser la puta que se lo había buscado. Si estaba bien, si se había ido a estudiar abogacía a otra ciudad. Si incluso tenía novio.
En junio de 2026, después de cuatro años de espera, el TOC n°1 comenzó a juzgar a siete de los acusados. El juicio quedó desdoblado en dos, porque tres de ellos eran menores de 18 años al momento del hecho. En agosto deberán pasar por un proceso a cargo del fuero de Responsabilidad Penal Juvenil.
Enerina recuerda los alegatos finales de la defensa como la peor parte del juicio. Sentía arcadas y necesitó que la acompañaran al baño porque sus piernas no le respondían. “Ellos nunca negaron el hecho”, cuenta sobre la estrategia que esgrimieron, “decían que fue consentido, pero en ningún momento que eran inocentes”.
La sentencia
El abogado de la joven, Mauro de Mira, había pedido 12 años de prisión para los siete imputados. La fiscalía, diez. El martes 30 de junio el Tribunal resolvió condenarlos a siete años por el delito de abuso sexual con acceso carnal agravado.
Enerina esperó la notificación en la casa de su familia. Las hermanas la abrazaron y celebraron que finalmente se hubiese hecho justicia, su mamá se desarmó en el piso. Y ella se repetía: “parecía que no iba a pasar nunca”. Pero pasó.
La sentencia sienta un precedente a nivel nacional porque, aunque no se pudo determinar cuáles de los imputados ejercieron el acceso carnal, el Tribunal consideró que todos se organizaron para que el delito fuese posible. Por eso determinó la coautoría funcional. Una definición que va en contra del pacto de silencio que los diez varones sostienen desde el primer día.
Aún queda por afrontar el juicio contra los tres imputados restantes. Enerina y de Mira pelean porque se tomen las pruebas de este mismo proceso y no sea necesario que ella vuelva a pasar por una declaración revictimizante.
Mientras relata lo que vivió durante los últimos nueve años, ella resalta una y otra vez el rol de sus seres queridos. Habla de su red incondicional, de les amigues, la familia y los profesionales que la sostuvieron. Pero también sabe que muchas otras mujeres que pasaron por lo mismo no cuentan con esa red y por eso elige compartir su historia para darles fuerza.
“No son abusos en manada, son abusos en grupo. Las manadas no hacen eso, las manadas se cuidan. Manada es la que tengo yo, ellos son hijos sanos del patriarcado”, dice con seguridad.


