Antes de la marea: Católicas que estuvieron desde los primeros Encuentros hasta el pañuelo verde

Participantes de los primeros Encuentros Nacionales de Mujeres y compañeras de ruta de Católicas por el Derecho a Decidir, la historia de Safina Newbery, Alieda Verhoeven y Zulema Palma, tres feministas que encontraron en la fe, la medicina y la militancia distintos caminos para disputar el poder sobre los cuerpos.
En 1985, un grupo de mujeres argentinas viajó hasta Nairobi, Kenia, para participar de la III Conferencia Mundial sobre la Mujer de Naciones Unidas, convocada al cierre del Decenio de la Mujer. El encuentro reunía a mujeres de distintos lugares del mundo y ponía en circulación debates que, poco a poco, también empezaban a ganar fuerza en la Argentina que recuperaba la democracia.
Un año después, algunas de aquellas mujeres decidieron traer esa experiencia al país. Era 1986, apenas habían pasado tres años del regreso de la democracia y muchas feministas que habían estado exiliadas comenzaban a reencontrarse. En ese clima de reconstrucción, nació el Primer Encuentro Nacional de Mujeres.
Cerca de mil mujeres se reunieron en el Teatro San Martín de la Ciudad de Buenos Aires. Pero la novedad no estaba solamente en la cantidad de participantes, sino en la estrategia. No querían reproducir la lógica de un congreso tradicional, con autoridades, discursos, votaciones y una mayoría encargada de imponer una posición. La apuesta era otra: reunirse en talleres, hablar, discutir, construir acuerdos y, también, dejar asentados los desacuerdos.
Desde el comienzo, el Encuentro fue mucho más que una reunión de mujeres. Fue también un experimento político: cómo construir algo en común cuando no todas piensan igual, no militan en los mismos espacios ni tienen las mismas experiencias.
En 1987, llegó el momento de volver a encontrarse. Esta vez, la ciudad elegida fue Córdoba. Más de 600 mujeres viajaron desde distintos puntos del país para participar de la segunda edición. Había una decisión política detrás del cambio de sede: el Encuentro no debía quedar encerrado en Buenos Aires. La ciudad que lo recibiera tendría que hacerse cargo de organizarlo, con autonomía y de acuerdo con sus propias dinámicas.
Córdoba nunca dejó de ser un lugar de encuentros y enredos. En 1991, en Colonia Caroya, ocurrió otro momento decisivo para los feminismos argentinos. Marta Alanís, militante feminista que trabajaba en barrios populares y comedores comunitarios, participó de un encuentro sobre teologías feministas. Ahí entró en contacto con una manera diferente de pensar la relación entre religión, género, sexualidad y poder. Sin embargo, lejos de ser la única, formó parte de esos cruces en distintos espacios de militancia política que fueron dando lugar a redes transversales.
Católicas por el Derecho a Decidir en Argentina (CCD) se constituyó formalmente en 1993, gracias a muchas mujeres que participaron desde diversas profesiones, credos y oficios. Por eso, de cara al 39° Encuentro, que sucederá el 10, 11 y 12 de octubre en Córdoba, recuperamos la vida de tres referentas que llegaron desde distintos puntos de la militancia: Safina Newbery, Alieda Verhoeven y Zulema Palma.
Ellas forman parte de “Santas desobedientes”, el ciclo de CDD que recupera historias de mujeres que han sido invisibilizadas a pesar de haber abierto horizontes para la transformación social. Desde sus inicios en 2024, esta iniciativa de la organización ha producido streamings y documentales sobre figuras como Mama Antula, Mercedes “Mecha” Gómez, Alieda Verhoeven y Guillermina Hagen Montes de Oca.
“De alguna manera, elegimos reivindicarlas porque problematizaron el lugar que ocupa la mujer en las instituciones y en las familias. La autodeterminación y el cuidado de los cuerpos”, cuenta María Luján Farfán del área de diálogo ecuménico e interreligioso de Católicas por el Derecho a Decidir.
Ellas fueron amigas, cómplices y compartieron esa militancia feminista y religiosa, en defensa de los derechos humanos, sexuales y reproductivos y la igualdad de las mujeres.
Safina, la insurrecta
Sara Josefina Newbery, “Safina” para familiares y amistades, nació en Buenos Aires el 13 de marzo de 1922 en el seno de una familia adinerada, cuyas costumbres y valores nunca compartió. Familiar de Jorge Newbery, de joven había ingresado a un convento pero, con el tiempo, decidió abandonarlo cuestionando la estructura jerárquica de la institución y, particularmente, el lugar que ocupaba la obediencia. Del convento se fue a la facultad: estudió la carrera de Antropología en la Universidad de Buenos Aires.
La religión, sin embargo, no desapareció de su vida, pasó a ser uno de los terrenos desde los que pensó la emancipación de las mujeres. “Safina no sólo desobedeció los mandatos de clase, porque su compromiso fue siempre con las personas más desfavorecidas, sino que fue una desobediencia al patriarcado eclesiástico”, explica Natalia Rodríguez, integrante de CDD.
Safina comenzó a construir una mirada que cruzaba feminismo, espiritualidad, crítica de las jerarquías religiosas y autonomía sobre el propio cuerpo. Desde fines de los años setenta difundía materiales vinculados con la sexualidad y la reproducción y participaba de debates que, años después, serían centrales para el movimiento por el derecho al aborto.
Participó del Primer Censo Nacional Indígena, se relacionó con el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, escribió sobre ecofeminismo y participó de los “Cuadernos de existencia lesbiana”, la primera publicación periódica gráfica realizada en Argentina dedicada a difundir la temática lésbica.
“Abordó las problemáticas sobre el rol de la mujer dentro de las instituciones eclesiásticas para empezar a cuestionarlas”, relata María Luján.
Si bien no participó del primero, hay registros de su presencia en el Encuentro de Rosario de 1989 y en el de Neuquén de 1992, vinculada especialmente a las discusiones por el derecho al aborto.
“Safina fue una de las impulsoras de las primeras comisiones por el derecho al aborto junto con Alieda Verhoeven. La particularidad es que las dos vinieron de ámbitos de fe”, continúa Rodríguez.
Alieda, la pastora
Si Safina había llegado al feminismo desde la ruptura con la institución religiosa, Alieda recorrió un camino diferente: construyó su feminismo desde dentro de una comunidad de fe.
Alieda Verhoeven llegó a la Argentina desde los Países Bajos en 1963. Cuatro años después fue ordenada pastora y se convirtió en la primera mujer pastora de la Iglesia Metodista Argentina.
Alieda no abandonó la religión para convertirse en feminista. Su feminismo creció dentro de ese recorrido religioso, comunitario y político. Comenzó a cuestionar también las relaciones de poder dentro de las propias iglesias y a trabajar sobre la situación de las mujeres, la sexualidad, el género y la teología.
En 1983, a instancias suyas, se constituyó el Grupo Ecuménico de Mujeres (GEM), implicadas en la formación de los Encuentros Nacionales de Mujeres.
“Es muy importante rescatarla a Alieda en un momento de tanto auge de los evangelismos conservadores”, asegura Natalia. “También en las iglesias evangélicas hay colectivos de mujeres feministas como lo fue ella”.
Según “Vidas arriesgadas: Alieda y Safina, profetas rebeldes en tierras del Sur” de Alejandra Ciriza, Natalia Naciff, Victoria Pasero Brozovich, en 1990 Alieda y Safina fundaron junto a otras mujeres religiosas del país un espacio de articulación llamado Mujer-Iglesia. Desde allí organizaron estrategias para dialogar en las comunidades e incidir en la interpretación de la vida religiosa desde el punto de vista de las mujeres. Luego, este espacio se llamó La Urdimbre de Aquehua, un colectivo desde el cual pensaron la relación ecología, ecofeminismos y espiritualidad.
“Ella vino a mostrarnos ese lado de la desobediencia hacia lo institucional o hacia lo que está definido por varones, teniendo en cuenta que la iglesia -tanto católica como evangélica- es una institución patriarcal”, adhiere Farfán.
Zulema, la médica
Zulema llegaría desde otro territorio: la medicina. Pero la pregunta era parecida: quién tiene autoridad sobre el cuerpo de las mujeres. Médica ginecóloga y feminista, Zulema Palma fue una de las referentes históricas de Mujeres al Oeste, organización feminista del conurbano bonaerense. Antes de eso fue secretaria de Salud del Municipio de Morón entre 1983 y 1985.
Su recorrido es especialmente importante en la lucha por el derecho al aborto y la salud sexual y reproductiva. Durante las décadas de 1980 y 1990 integró tanto la Red Nacional por la Salud de las Mujeres como la Comisión por el Derecho al Aborto
Si bien no fue parte de la creación de Católicas por el Derecho a Decidir, sus recorridos se cruzaron en torno a la construcción de una agenda latinoamericana por el derecho al aborto. Palma contó que al comienzo de su carrera médica no cuestionaba la penalización del aborto, a partir de las consultas de sus pacientes y de su participación en encuentros y espacios feministas, fue modificando su mirada hasta comenzar a acompañar públicamente la lucha por el derecho al aborto.
“Es importante recuperar su búsqueda por plantear que el conocimiento médico tiene que democratizarse y descentralizarse. El sistema médico ha construido conocimiento tutelando el cuerpo de las mujeres”, suma Rodríguez.
Zulema también tuvo una relación personal con Safina Newbery. Según una entrevista realizada a Palma, ambas se conocieron durante la dictadura, alrededor de 1979-1980, y volvieron a encontrarse hacia 1989, en el Encuentro Nacional de Mujeres de Rosario, en espacios vinculados con anticoncepción y aborto. Allí Zulema conoció más directamente a la Comisión por el Derecho al Aborto, de la que Safina formaba parte.
Encontrarnos, al fin
En pocos días el Encuentro Plurinacional volverá a reunir una marea de personas para discutir cómo hacer política en un contexto de precarización y hambre. En ese sentido, recuperar las luchas históricas se plantea como una necesidad, como una manera de disputar otras maneras de vivir.
“Nos interesa mostrar la vida y la desobediencia de estas mujeres que de alguna manera terminaron trazando el camino para que ahora podamos trabajar en nuestras organizaciones”, finaliza Luján.
Además de la reivindicación de Safina, Alieda y Zulema a través de materiales gráficos, desde CDD realizarán el viernes 9 de octubre a las 16.30 la presentación del libro Derecho Feminista en la Facultad de Derecho de la UNC. El sábado 10 de octubre de 10 a 17 horas harán el streaming de Enredades y una radio abierta junto con organizaciones aliadas. La obra La Rota Virtud del colectivo Sororidad y Fe se presentará a las 14 horas en la Capilla del Paseo del Buen Pastor y a las 17 horas en la Iglesia Metodista. A las 18 horas habrá un conversatorio titulado “Feminismos construyendo la justicia que necesitamos” en el Salón de la Casa del Docente, San Jerónimo 560. El domingo 11 de octubre tendrá lugar a las 11 horas el encuentro de músicas feministas en el Platz Espacio Cultural y una liturgia feminista.
Hay muchas mujeres que marcaron un camino diferente. Sus historias fueron dejando hilos. Hoy, esos hilos forman una enredadera: una genealogía feminista que, con sus nudos y sus desvíos, también explica cómo se teje el pañuelo.
―Este artículo fue producido en alianza con Católicas por el Derecho a Decidir―


