¿Qué se espera de nosotras cuando somos viejas?

Mirta, Tati y María Laura, tres voces que reivindican la vejez como momento de disfrute y lucidez en contra de los mandatos y estereotipos. Ellas torcieron el sentido de la palabra “vieja” y se la apropiaron. Mirta falleció hace tan sólo días y dejó la semilla de sus ideas en espacios de encuentro y debate. Tati y María Laura continúan en la lucha con memoria y convicción.
Mirta asumió su lesbianismo a los 70 años y murió poco después de los 80. El primer síntoma que anunciaría su enfermedad se presentó meses antes de su partida y la encontró con su novia en los acantilados marplatenses. El disfrute y el deseo fueron pilares de su última década de vida, pero no ignoró su incomodidad en relación a ciertos mandatos y abrió preguntas urgentes para las viejas, adultas mayores sin eufemismos y sin pelos en la lengua.
En el marco del Día Internacional de las Personas Mayores y a una semana de su fallecimiento, su recuerdo es una oportunidad para la reflexión. ¿Qué implica envejecer? ¿Cómo mutan los mandatos con el paso de los años? ¿Por qué la vejez es una amenaza para el derecho de quienes la atraviesan?
Romper mandatos, armar redes
María Laura es docente jubilada. Tiene 62 años y cuatro hijos. A los 36 empezó a escribir y sueña con publicar sus libros en España. Malala, como le dicen sus amigas, no se lleva “con las que se hacen las jóvenes” y bendice la vejez. “Para mí es un regalo, tuve cáncer y a los 48 pensé que me iba a morir”, cuenta.
Ella no es la única que entiende esta etapa de la vida como una oportunidad en lugar que como un castigo. “Lo semejante atrae lo semejante”, piensa, y por eso será que sus amigas no son de esas que se tunean, sino un grupo de mujeres mayores que reivindican el deseo, viejas pensadoras que se atreven a teorizar sobre lo que siempre fue explicado sin sus voces protagonistas. Por eso aceptó con alegría la convocatoria de Silvina Morvillo, productora de La Espiral, para participar.
“¡Somos viejas!”, declaran al mundo las espiralas. Lo gritan frente al micrófono, que captura sus voces y las inmortaliza. La Espiral es un podcast donde la palabra se trenza en conversaciones silenciadas: “mujeres mirando su pasado a través del cristal de su presente”. La última entrega fue grabada en diciembre del 2025, poco antes de que Mirta enfermara, y se publicó en septiembre de este año. “Desafiamos el mandato de la maternidad sagrada y compartimos historias donde el amor convive con el hartazgo, la distancia y el desencuentro”, explica este capítulo titulado “Nuestros hijxs nos caen mal”. En él, las espiralas problematizan el vínculo entre la vejez, el dinero, la herencia y la familia.
El capítulo abre con la voz de Mirta: “Trato de entender, pero no puedo. Mis hijos saben los recursos que tengo, los que supe conseguir para tener una buena vida en la vejez. Sin embargo, ellos creen que debo vivir peor, que no tengo que gastar la guita. ¿Será que les interesa que les quede a ellos cuando no esté? ¿Piensan que debo vivir una vida de pobreza y de miseria porque tengo ochenta años y ya soy viejita?”. La voz delata la seriedad de sus inquietudes. El tiempo demostró su poder de vaticinio.
Hacé click acá para escuchar el capítulo "Nuestros hijxs nos caen mal"
Tati vive en Bajo Flores. Como Malala, es docente jubilada y además Licenciada en Gerontología. No por dulces sus palabras son menos incisivas. Piensa que para las viejas no es gratis romper las reglas y hay hijos que por ahí no se la bancan: “Al ser mujeres que rompimos mandatos los hijos quizás se sorprendan de ver que tenemos autonomía, decisiones, actitudes disruptivas. Los mandatos que hemos tenido estas viejas que somos hoy los empezamos a romper en la década del ‘70 con todos los cambios que hubo. No pudimos eludirlos todos, por supuesto, y estos mandatos de cuidado, del maternaje, los tenemos muy incorporados. Tratamos a veces de desconstruirlos, pero no es tan sencillo”.
Para Tati, los espacios de reflexión y las redes son imprescindibles para transitar este momento de la vida. “No tenemos espacios como para ponernos a pensar qué nos pasa en este siglo XXI. Con tanta tecnología que a veces lo siento ajeno, tanto aparato, tanta cosa que aleja del contacto personal, de la charla, del diálogo, de la duda”, piensa.
“Uno de los temas que son recurrentes en algunas mujeres grandes es cómo vamos a transitar el periodo del después”, reflexiona Tati y continúa: “Como gerontólogos o gerontólogas decimos, hay vejez y envejecimiento. El envejecimiento es este período donde tenés autonomía, decidís, haces cosas, pero después viene quizá un periodo de mayor fragilidad, de mayor vulnerabilidad y hay que ver cómo lo transitas. Muchas veces ya con edades más avanzadas entras en un aislamiento porque no se generó una red”.
En el caso de Mirta, las redes no faltaron. Además de La Espiral, pertenecía a "Ancestras", un espacio de reflexión y debate donde se desarrollan talleres y diversas actividades. Además, formaba parte de "Puerta abierta", una organización de lesbianas adultas conducida por Graciela Balestra, que organiza y promueve actividades culturales.
Sin embargo, las redes no pudieron torcer el orden de las cosas. Ni bien su cuerpo comenzó a fallar, perdió autonomía sobre sus decisiones y sus hijos tomaron el mando. El auto y la casa que ya estaban puestos en duda, tal como narra en el capítulo mencionado, perdieron importancia cuando fue internada en un geriátrico hasta su muerte. Sus amigas vieron como los miedos se volvían realidad. Lejos del juicio sobre el papel de quienes se hicieron responsables —tarea para nada sencilla—, lo cierto es que murió alejada de sus compañeras en un lugar que no parece haber elegido. Este desenlace es la excusa para pensar por qué envejecer muchas veces implica perder soberanía sobre la propia vida.
La vejez es política
Pensar la vejez escindida del contexto socioeconómico pierde sentido. En la actualidad, en Argentina una jubilación mínima no supera los $430.000 mientras que, según datos de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, una pareja de personas mayores con vivienda propia necesitó en agosto $1.714.568. A este escenario se le suma el tema central de la deuda: según un informe de Provincia Microcréditos, cuatro de cada diez jubilados tienen deudas activas y más del 11% se encuentran en situación de mora.
Desde mediados de 2025 agrupaciones de jubiladas y jubilados se manifiestan frente al Congreso como protesta contra las políticas de Javier Milei y el Gobierno nacional, la pérdida de poder adquisitivo, el vaciamiento del PAMI y la gestión de medicamentos. “A veces acompañan organizaciones, vienen los jóvenes. Otras veces somos muy poquitos”, cuenta Tati, que participa de las manifestaciones regularmente. No es noticia pero tampoco puede dejar de mencionarse que estas manifestaciones fueron reprimidas sistemáticamente con la crueldad que caracteriza al gobierno libertario.
Malala acuerda con la mirada de Tati y destaca el rol de esas viejas. “Las jubiladas de 70 años son las hippies de los ‘70. Son las guerrilleras, son las de la minifalda, la pastilla, el aborto. Se fumaron todos los porros, se enfiestaron libremente mucho antes cuando todavía no había talleres de deconstrucción. Son un ejemplo, son las que se paran adelante de la cana y los cagan a puteadas. Les dicen de todo y no tienen miedo a que les peguen”, declara. Sin embargo, también tiene una mirada crítica sobre el rol de las juventudes: “Yo no entiendo la melancolía de estas épocas. Lo hablo con mis hijos. Mi hijo de 40 me lo dice. ‘Nuestra generación me da vergüenza muchas veces. Porque están todos tan deprimidos, tan tristes, están inmóviles’. Ojalá tuvieran un 10 por ciento de los huevos de los jubilados que van ahí y escupen a los policías. ¡Les dicen unas cosas hermosas!”. Cuenta que para ella las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo son el faro, el camino a seguir.
Mirta Alterman
En un salón amplio un grupo de personas bailan entre globos dorados. Hay algún disfraz, hay muchas mujeres, hay tortas de cumpleaños y tortas viejas; hay flores, una guitarra y un micrófono. En él, Mirta da un discurso breve por motivo de su cumpleaños de 80: “Lo primero que quiero es contarles que estoy muy feliz. Abro esta idea y comparto con ustedes qué significa la felicidad. Para mí la felicidad es despertarme a la mañana y repasar el día que me toca vivir con alegría. También es encontrarme con mis amigas en algún cafecito, poner el corazón en la mesa y hablar de nuestras cosas, de nuestras mayores intimidades en camiseta”.
El último sábado de septiembre de 2026 Mirta dejó este mundo. Su boca ya no pronunciará discursos de cumpleaños sobre el amor, la amistad y el lesbianismo. No hablará más su voz anciana sobre la felicidad y la posibilidad de ser vieja y feliz. Pero aun apagadas, sus palabras hacen eco en las amigas, con las que sembró curiosidad mutua y sus pasos seguirán marchando por el orgullo.
Las inquietudes de Mirta, Tati y Malala son las de muchas de las viejas que viven y sobreviven en este país. El asedio económico vuelve cuesta arriba cualquier camino posible, pero donde hay vida hay sueños y estas viejas están más vivas que nunca.


