¿Por qué no hay tradwives en Latinoamérica?

Una cocina casi perfecta. Una mujer rubia, rodeada de un halo de prolijidad, entra en cuadro y se pone un delantal. Comienza a amasar algo que parece pan, lo deja de lado y se pone a lavar los platos. Saca la ropa limpia del lavarropas y la cuelga en una soga en medio de un jardín repleto de flores cuidadas e impolutas. Sus hijos entran corriendo y la abrazan con una sonrisa. De vuelta en la cocina, pone el pan en el horno y en un instante ya está listo. Toda su familia lo disfruta sentada frente a una mesa con mermeladas y quesos, también caseros.
Esta es una de las típicas escenas que aparece al scrollear en la lupa de Instagram o en TikTok. Son las tradwives, un fenómeno estadounidense que en español se traduce como “esposas tradicionales”. Se trata de mujeres que reivindican los roles de género tradicionales y los reproducen en sus matrimonios o noviazgos. Es decir, se dedican exclusivamente al cuidado del hogar, a la crianza de sus hijos y a atender a su pareja, que es el sostén económico de la casa (aunque ellas monetizan su trabajo en redes sociales, pero eligen no explicitarlo, porque pondría en jaque todo su discurso).
Imitan la estética de las amas de casa de los ‘50 y ‘60 en el país del norte, con vestidos largos y floreados, pelo atado y delantales. En sus videos muestran lo que supuestamente es su día a día, cocinan tortas desde cero, hacen manteca, atienden animales o riegan la huerta, porque muchas sostienen la ilusión de una bucólica vida rural
Sus principales referentes son Hannah Neeleman, mejor conocida en redes como Ballerina Farm. Ella es una ex bailarina de 35 años graduada de la prestigiosa academia Juilliard en Nueva York. Hoy está casada y tiene 8 hijos con el empresario Daniel Neeleman, mormon e hijo de un fundador de aerolíneas muy importante en Estados Unidos. Y Nara Smith, de 23 años y modelo, casada con su colega Lucky Blue Smith, también mormon con quien tuvo cuatro hijos.
Inicios del movimiento
Antes del auge de las redes sociales, el modelo de vida que proponen las tradwives aparecía en portales de internet como Reddit. En Estados Unidos en el 2013 se identificaron los primeros espacios donde usuarias comenzaban a debatir sobre sobre el rechazo al feminismo y recuperar el modelo tradicional de la mujer dentro del matrimonio.
Según la investigación “Tradwives: la reacción femenina a los avances feministas de la cuarta ola", la pandemia del COVID-19 profundizó las desigualdades de género en el mundo laboral e idealizó políticamente el hogar como un espacio seguro. En plataformas como TikTok e Instagram el espacio doméstico se volvió hipervisible y se empezó a multiplicar contenido relacionado con consejos de decoración, limpieza y recetas de cocina. En este contexto, las tradwives, hasta entonces una subcultura minoritaria vinculada a la derecha alternativa estadounidense, se expandió en internet y el fenómeno saltó de las redes sociales a los medios de comunicación en todas partes del mundo.
“La romantización de un espacio doméstico lo que intenta es regresar a las mujeres a sus hogares”, explica Karina A. Bidaseca, curadora feminista y fundadora de la plataforma SudArt para descolonizar las artes y cosmopolíticas (UBA y CONICET). Bidaseca cree que hay que pensar el fenómeno en relación al cambio cultural que implicó la pandemia: “Hubo un giro drástico de un nuevo ordenamiento mundial, con las mujeres regresando a su hogar, un lugar que no es un refugio para ellas porque sabemos que casi el 80% de los femicidios están vinculados al espacio de lo doméstico o a sus parejas”.
Lo peligroso del discurso Tradwife
A pesar de que este tipo de videos en redes sociales sea atractivo de ver y parezca inofensivo, los discursos que vienen aparejados no son para nada inocentes. El informe “TikTok tradwives: femininity, reproduction, and social media”, explica que “estos rígidos roles de género del “marido proveedor” y la “esposa sumisa”, encarnados por las tradwives, apuntan a una narrativa más amplia en torno a la masculinidad hegemónica que se refleja en la manosfera en su conjunto”.
En la mayoría de los casos, son mujeres cristianas que usan la Biblia para justificar sus creencias del rol de la mujer en la familia, afirmando que las mujeres naturalmente quieren un estilo de vida más tradicional.
Las investigadoras Silvana Darré Otero y María Marta Herrera, en su artículo “La esposa emprendedora: paradojas neoliberales y guerras culturales en el fenómeno tradwife latinoamericano”, exponen que en el avance de las derechas globales en el mundo, la tendencia tradwife se interpreta como una respuesta conservadora en un contexto de discursos y políticas regresivos. Si bien estos discursos no son algo nuevo, al sumar las maneras de difusión de rápida circulación y las audiencias jóvenes que convocan las redes sociales, se puede considerar un nuevo fenómeno a analizar.
“Uno de los méritos que tiene la derecha es que sabe leer muy bien el terreno social y encuentra en él la manera de disfrazarse para hablarle a diferentes públicos, ve los miedos, las frustraciones, las carencias”, comenta Fabiana Solano, periodista especializada en género y cultura digital. Fabiana cree que el discurso tradwife surgió como reacción frente a los avances de los feminismos, que realmente generaron un cambio institucional y político a nivel mundial. Estas resistencias fueron exprimidas por la derecha, y reinterpretadas a través de estos movimientos.
Karina Bidaseca coincide con esta línea y sostiene que esta agenda política antifeminista es un repliegue que tiene su asidero en los movimientos feministas, del Ni Una Menos en adelante y en la transmisión intergeneracional de los pañuelos blancos a los pañuelos verdes. “Intentan derribar algo pero no lo van a lograr, porque el avance ha sido tan veloz y el cambio cultural tan contundente y fuerte que las más jóvenes ya tienen naturalizado los derechos que nosotras activamos en las calles durante tantas décadas”, concluye.
Una de las últimas y más grandes referentes de esta tendencia es la estadounidense Erika Kirk, viuda del activista político conservador de ultraderecha, Charlie Kirk, asesinado en septiembre de 2025 mientras daba una charla en la Universidad del Valle de Utah, en Estados Unidos. Después de su fallecimiento, Erika se hizo cargo de la organización que fundó Charlie, “Turning Point USA”, que promueve valores conservadores en los campus de los colegios, institutos y universidades de Estados Unidos. Comenzó a compartir videos en sus redes sociales sobre los valores que ella y su esposo querían para su país y para el mundo, siguiendo su legado, lo que incrementó su número de seguidores a más de 6 millones.
En estos videos se encarga de difundir mensajes como que el feminismo le mintió a las mujeres y las está privando de alcanzar lo que realmente vinieron a hacer al mundo, ser madres y tener hijos, cuidar a sus maridos. “Siempre vas a poder tener una carrera, pero ser capaz de tener una familia se da en una ventana muy corta de tu vida. Entonces, ten a tus bebes y cuando ellos crezcan y el nido está vacío, ahí podrás tener una carrera” De nuevo, promueve un modelo de familia tradicional donde la mujer es devota a su marido y a su familia, a nada más.
Otras creadoras fueron un poco más lejos, como Savannah Stone, que ha dicho en reiteradas ocasiones que cree que las mujeres no deberían votar y, en su lugar, sus maridos deberían hacerlo por ellas en representación de toda la familia. Su opinión fue respaldada por otras influencers conservadoras, quienes generan el mismo estilo de contenido tradwife en redes sociales.
El sueño conservador que no encaja en Latinoamérica
El fenómeno tradwife casi no existe en Latinoamérica. El modelo de vida y las ideas que plantean no son sustentables para las mujeres de la región. “Hay una realidad de una crisis constante. La mujer no se puede quedar en casa, tiene más de un trabajo, es jefa de hogar y, a veces, es mamá sola, porque el papá no paga la cuota alimentaria”, plantea Fabiana Solano.
Por esta razón, afirma Solano, el discurso tradwife toma otra forma en este lado del mundo. Ya no se trata de mujeres que se dedican exclusivamente a su familia y a su marido, sino que acá defienden los valores tradicionales y conservadores bajo la figura de “mujer emprendedora”, que es jefa de su casa y puede ganar plata al mismo tiempo que cuida a su familia.
“El modelo estereotipado conservador de las tradwife nunca estuvo traducido a nuestros contextos latinoamericanos precarizados, ni al de esas mujeres vulnerables de los sectores populares que han abrazado las causas de derechos humanos y las causas del feminismo traduciéndolos a sus propios contextos locales y barriales”, asegura Bidaseca. Entonces, en una región donde el feminismo tuvo un peso tan grande, ante una propuesta como esta no se puede reaccionar de otra manera que no sea con las manifestaciones en las calles, con la defensa de los derechos adquiridos.
En el artículo “La esposa emprendedora: paradojas neoliberales y guerras culturales en el fenómeno tradwife latinoamericano”, las autoras proponen un cierre a la idea de las tradwives en América Latina: “Ser una tradwife tiene un alto componente ilusorio desde el punto de vista económico ya que la mayoría de los hogares en la actualidad, no pueden ser sostenidos únicamente por los ingresos de los maridos. Tampoco dan cuenta, especialmente en América Latina, de la existencia de un enorme número de hogares monoparentales (en su mayoría a cargo de mujeres) u hogares a cargo de otros familiares cuyas madres han migrado al norte en busca de mejores condiciones de trabajo. De modo que la posibilidad de ser una tradwife se presenta, paradójicamente, como una situación de privilegio muy difícil de alcanzar para la mayoría de las mujeres en estos tiempos de capitalismo exacerbado”.
Bidaseca ratifica que en un contexto en el cual se infantiliza a la sociedad, se intenta que las mujeres no tengan conciencia de lo adquirido. En Argentina, la militancia y la práctica feminista funcionan hoy como un dique frente a estos discursos que calan en la sociedad y buscan girar a la derecha.


