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Miradas feministas para pensar América Latina tras el ataque de EE.UU a Venezuela 

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El 2026 comenzó con bombardeos en América Latina: la madrugada del 3 de enero, Estados Unidos atacó Venezuela y se llevó a su presidente. A partir de entonces, el mundo ya no puede leerse de la misma manera. Estados Unidos, China y Rusia compiten en distintas arenas por el control de la hegemonía global, y en ese escenario América Latina aparece como un territorio en disputa, por sus recursos naturales y por su historia de resistencia. ¿Cómo están pensando los feminismos latinoamericanos este escenario? ¿Cómo construir esperanza en un contexto de violencia creciente? En este artículo, la mirada de activistas de Argentina, Brasil y Colombia.   

―Este artículo fue producido en alianza con Católicas por el Derecho a Decidir―


“Al principio hubo mucha incertidumbre, no había noticias que permitieran comprender el alcance de lo que estaba ocurriendo”, cuentan Martina Cocco y Manuela Oviedo, activistas de Las Parceras, Red Feminista de Acompañamiento en Aborto en Colombia, sobre cómo vivieron los primeros días del ataque desde ese país. “Pensamos mucho en las consecuencias que este ataque traería para nuestro país, teniendo en cuenta las relaciones tensas que desde el posicionamiento de Trump hubo con el gobierno colombiano: no descartamos que pudiera pasar algo parecido aquí”, aseguraron en diálogo con Feminacida.

La madrugada del 3 de enero de 2026, hace casi un mes, Venezuela amanecía con el estruendo de los bombardeos de Estados Unidos. La operación se llamó “Resolución Absoluta” y consistió en la captura, por parte de fuerzas de élite del Ejército norteamericano, del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores. Ambos fueron trasladados luego al país del norte para enfrentar cargos por narcotráfico. 

Desde su mansión en Mar-a-Lago, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, siguió los bombardeos como si “estuviera viendo un programa de televisión”, aseguró a los medios. 

Luego del ataque a Venezuela, vinieron las amenazas de Trump hacia otros países como Colombia, México y Cuba. Entre ellas, Trump sostuvo que Colombia “está muy enferma” y al ser consultado sobre la posibilidad de una operación similar a la de Venezuela, respondió, como quien tiene en sus manos el joystick de un videojuego a escala global: “Suena bien para mí”. Sobre Cuba, dijo que está “a punto de caer”, mientras que el secretario de Estado, Marco Rubio, advirtió: “Si estuviera en La Habana, estaría preocupado aunque fuera un poco”. 

¿Cómo interpretar este escenario de escalada de la violencia del intervencionismo norteamericano en la región? 



“Lo que sucedió en Venezuela no puede leerse de forma aislada”, advierte Martina Ferreto, doctoranda en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y activista feminista. Y explica: “Se trata de un proceso que viene gestándose hace tiempo, que empezó si se quiere con la base militar en Guantánamo, el bloqueo a Cuba o el intervencionismo en Haití. No es un fenómeno que inaugura, sino que condensa el recorrido de este poderío tan impune”. 

Para la investigadora, estamos ante una “época de transición”, sumergida en un contexto de “policrisis”, o “shock desorientador”, donde todo parece desarmarse. Hasta la paz. 

“El consenso global de paz se quebró, porque tampoco estaba tan sólido -dice Ferreto-. Lo que vimos el 3 de enero escaló hasta ese punto porque no hay instituciones ni instrumentos de contención que pongan un freno a ese poderío de una administración como la de Trump”. Ahora lo sabemos, sostiene la investigadora: “No existe paz con desigualdad social, no existe paz con bloqueo económico, ni bases militares, ni barreras para acceder a derechos. No existe paz si las lógicas colonialistas siguen operando sobre nuestras vidas”. 


Vienen por el petróleo: ¿Qué territorios y qué cuerpos sufren las consecuencias? 

“El ataque a Venezuela fue un acto extremadamente grave, de un avance del conservadurismo de extrema derecha sin ningún pudor por saquear los recursos naturales”, afirma Maria Fernanda Marcelino es historiadora, militante de la Marcha Mundial de las Mujeres y miembro de SOF Sempreviva Organização Feminista de Brasil. 

Primero, Estados Unidos justificó la intervención en Venezuela como un ataque contra el narcotráfico. Sin embargo, ya al día siguiente quedaron a la luz las verdaderas intenciones geopolíticas del ataque: el petróleo. Venezuela tiene cerca de una quinta parte de las reservas probadas de petróleo crudo del mundo, superando a Arabia Saudita. “Construimos la industria petrolera venezolana con talento, empuje y habilidad estadounidenses, y el régimen socialista nos la robó”, se quejó Trump en una conferencia de prensa. “Vamos a comercializar el crudo que sale de Venezuela, primero este petróleo almacenado que está represado y luego, de manera indefinida, de ahora en adelante, venderemos la producción que salga de Venezuela en el mercado”, afirmó el mismo secretario de Energía estadounidense, Chris Wright. 

Para Martina Ferrante, la disputa por la soberanía nacional y el uso de los recursos naturales (los modos en que se extraen, con qué objetivos y para beneficio de quiénes), debe entenderse desde la construcción del cuerpo como territorio y del territorio como parte de nuestro cuerpo. “¿Qué territorios y qué cuerpos sufren las consecuencias? No podemos pensarla como si las personas fueran externas al entorno”, asegura. 

Porque cuando se atacan los territorios, también se ponen en riesgo los derechos, especialmente de las mujeres y disidencias. “Las redes feministas hemos aprendido que los derechos de las mujeres y de grupos considerados minoritarios son los primeros que se transan en contextos hostiles”, explican las activistas de Las Pareceras desde Colombia. “Sabemos que si es útil a los fines políticos y para ganar disputas de poder, esos derechos se vuelven moneda de cambio. Nosotras trabajamos en temas de acceso al aborto, sabemos como ha sido funcional poner en vilo este derecho para ganar consensos de sectores conservadores, con un riesgo concreto para la vida de quien decide abortar y posibles represalias para quien acompaña”, aseguran.


Feminismos para la esperanza

Según Maria Fernanda Marcelino, en este contexto los feminismos tendrán “un papel de denunciar desde la comunicación popular” y de propiciar la unidad latinoamericana y caribeña, “especialmente para defender Venezuela, más también Cuba, que hace más de 50 años resiste a un embargo ilegítimo, criminal, ilegal, que se impone sobre ese país”. Porque, como asegura la activista feminista de Brasil, “el cuerpo de las mujeres es también territorio de disputa”. 

“A casi un mes del ataque seguimos a la espera de cómo los movimientos sociales se reorganizan en torno a los que tenemos claro y es que el plan de injerencia electoral regional ha venido haciendo parte de la política de “seguridad” nacional e imperialista”, puntualizan las activistas desde Colombia. 

Martina Ferrante, desde Argentina, asegura que toda crisis representa una ventana de oportunidad: “Las redes feministas y transfeministas de Abya Yala también vienen construyendo poder hace muchos años y tienen la capacidad, clave, de recordarlo”. Una memoria que conecta con el sentir más urgente de esta época, una memoria que conmueve y hace “que la sensibilidad colectiva sea un refugio y un arma de defensa”. “La solidaridad, el sentido de lo comunitario y la empatía por la otredad pone un límite a ese estado de shock desorientador, a ese estado de individualismo perverso que buscan instalar especialmente en esta etapa regional que estamos atravesando hoy”, sostiene la activista.

“Lo que tienen estas redes feministas para dar frente a esta situación es la esperanza de que otro modo de convivir es posible”. 

Foto de portada: Prensa Libre



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