¿Qué significa ser “anciana” en una época donde la expectativa de vida supera los 80 años? Lo que antes se entendía como el “último tramo de la vida”, hoy se transformó en décadas plenas, con nuevos proyectos, vínculos y deseos. ¿Qué sentido estático, pasivo y dependiente esconde este concepto? En Feminacida hablamos con distintas mujeres, viejas, como les gusta nombrarse, para entender qué les sucede por el cuerpo con esta terminología.
En Argentina, el 28 de agosto se celebra el "Día de la Ancianidad", en recuerdo de los Derechos de la Ancianidad proclamados por Eva Perón en 1948 e incorporados a la Constitución de 1949. Aquella iniciativa convirtió al país en pionero en reconocer garantías específicas para quienes atravesaban la vejez. Sin embargo, el propio término con el que se nombró la efeméride contrasta con las vivencias y los debates actuales: mientras a nivel internacional —y también en Argentina— se conmemora cada 1° de octubre el Día Internacional de las Personas Mayores, las discusiones contemporáneas buscan dejar atrás la noción de “ancianidad” y abrir paso a formas de envejecer más plurales, activas y diversas.
El concepto de ancianidad nació en un contexto en el que la expectativa de vida era considerablemente más baja. A mediados del siglo XX, llegar a los 60 o 65 años significaba, para la mayoría, estar transitando los últimos años de vida. Esa mirada impregnó de un carácter final y estático a la vejez. Pero hoy ese escenario cambió radicalmente: los avances médicos, las transformaciones culturales y la diversificación de los estilos de vida hicieron que esas edades se entiendan más como una etapa de transición que como un momento final.

“En estos momentos los jubilados están dando un ejemplo histórico, porque son los únicos que cada semana se paran frente al Congreso, aunque la policía les pegue. Entonces, en aquel momento era un homenaje por lo que se hizo en el pasado. Hoy hay que celebrar la valentía de la ancianidad argentina que es la única que está luchando contra la injusticia”, asegura Laura de 61 años, docente jubilada y escritora.
En este nuevo escenario, también cambió el modo de nombrar. En lugar de hablar de “ancianidad”, se impone cada vez más la idea de personas o adultos/as mayores, e incluso se piensa la longevidad como un fenómeno en sí mismo. Esa transformación no es solo semántica: implica reconocer que la vejez no puede reducirse solo a una dimensión médica, sino que debe pensarse desde la autonomía, la sexualidad, la creatividad y la participación social y comunitaria. A la vez, la gerontología crítica y los feminismos aportan miradas que incomodan y enriquecen el debate: ¿cómo se envejece de manera distinta según el género, la clase social o el contexto cultural? Preguntas que permiten desarmar el estigma de la vejez y le devuelve su carácter plural y político.
Las voces de las mujeres trazan, desde distintas experiencias, un horizonte que desarma la idea de “ancianidad”. Desde Feminacida invitamos a nuestra audiencia a escuchar el podcast “La Espiral”. Un material sonoro muy valioso que recupera las voces y la experiencias de mujeres viejas que se reconocen como protagonistas de su historia.
Algunas de ellas y otras adultas mayores nos dejaron su opinión sobre el concepto ancianidad:
Adriana, 61 años, profesora de Yoga:
“Estamos transitando una época distinta, fructífera y creativa; no hay que tomarla con tristeza, sino como un reencuentro con una misma, valorando lo que la vida todavía nos regala”.
Roxana, actriz y psicopedagoga:
Sobre la terminología: “Me resulta muy fuerte, preferiría que me digan vieja. La vejez trae pérdidas, sí, pero también se gana experiencia y sabiduría. Hoy tenemos más autonomía y poder de decisión que antes”.
Laura, de 61 años, docente jubilada, escritora:
Enfatiza el costado político: “Las viejas estamos organizadas, en movimientos y grupos, sostuvimos luchas como la del aborto legal y acompañamos a las jóvenes. En Argentina, la ancianidad es combativa, sabia y marca camino”.
Mirta Alterman, de 80 años, sintetiza:
“Ancianidad me suena a una palabra vetusta, que no tiene que ver con el presente ni con las vejeces que hoy viven las personas mayores. Yo me acabo de poner de novia con una mujer, estoy viendo la manera de compartir con ella una sexualidad activa, que sea algo maravilloso como a los 20. Así que, ancianidad no. Diría que soy una persona mayor muy moderna, muy actualizada, muy feminista y va a ser así hasta el fin de mis días.
